Vivir para aprender

ninos-escuelas-cuba-580x404Alguna vez fui estudiante. De hecho, ayer lo fui y hoy lo soy. Eso de aprender es inherente al ser humano. Sucede hasta cuando tropezamos. Por eso, este día no es exclusivo para quienes conviven en las aulas. Somos y seremos eternos estudiantes. Es la única forma de sobrevivir a la ignorancia. Sin embargo, los que hoy no respiramos el polvo de la tiza desde un pupitre, experimentamos la añoranza de esos tiempos, lejos para algunos, lozanos para otros.

La primera vez que me supe estudiante fue en primer grado. Llevaba en los hombros un triángulo plastificado que a todos enseñaba: Ya sé leer, escribir y calcular. No se me escapaba un vuelto ni el más insignificante de los carteles. Ya sabía, y no sabía lo que me faltaba.

Después llegó la secundaria básica. Allí permuté los trompos, las bolas, y los “topi topi- dis dis”, por la voz ronca, las tetillas hinchadas y un pomo de gel. Era todo un hombre con Tarjeta de Menor. Comenzaron mis batallas con las nomenclaturas químicas, la Ley de inercia y los catetos de Pitágoras. Sobreviví.

El pre fue verde que te quiero verde. En los Camilitos viví la uniformidad del uniforme, la sobrecarga de tareas docentes y los sueños insostenibles en las guardias. Aprendí a callar cuando debía de hacerlo, a gritar donde debía de hacerlo y a chapear porque debía de hacerlo. Primera orden: el jefe siempre tiene la razón. Segunda orden: en caso del jefe equivocarse remitirse a la primera orden.

La Universidad fue mi última escuela. Eso creía, otra vez, no sabía lo que me faltaba. El profe Orlando (hoy compañero de trabajo) me regaló mis primeros paticos en el registro. Planifiqué mi 30 por ciento de ausencias “justificadas”. Corroboré que la práctica es el mejor complemento de la teoría. Aunque muchos se empeñen en eliminar el último sustantivo de la oración.

El estudiante no solo aprende de los libros sino también de las experiencias vividas, de las fugas, de los “chuchos”, de los amores. Odia levantarse temprano y le encanta llegar tarde a la casa. Extraña la escuela en las vacaciones porque es adicto al receso, a las buenas notas y al calor de sus compañeros.

He pasado casi el 80 por ciento de mi vida entre cuatro paredes, una pizarra y un profesor. Mis bolsillos permanecen inconformes, pero no me arrepiento. Estudiar es la mejor inversión que se puede hacer para salvarnos de la estupidez. Intelecto sin alimento, anemia segura. Por eso camino junto a Descartes, cambiando la mitad de lo que sé por la mitad de lo que ignoro.

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1 comentario

Archivado bajo Crónicas

Una respuesta a “Vivir para aprender

  1. Migue

    Que bien, ese es Luis Mario, asi que el pre fue verde jejeje, te entiendo porque pasamos los mismos años en la misma escuela que a pesar de todo se extraña muchisimo, llegó el tiempo de uiniversidad y de ahi todos transitamos por diferentes caminos, pero nunca olvidamos esas epocas que a pesar de todo marcaron una etapa de nuestra vida.
    Saludos Luis M. aqui estamos los de la vieja escuela cuidate mucho

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