Murió mambí

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Calixto García los tenía de hierro”, diría mi abuelo. Y lo creo. Los sentimientos no han de ser enervados en esas circunstancias. Más, cuando el motivo del suicidio no se abraza a contradicciones personales, sino a la negación de redimirse ante el enemigo.

Tenía a quien salir. Lucía no podía esperar menos de él: ¡Ese era su hijo Calixto! El mismo que sintió el olor a pólvora en su natal Holguín y no dudó en marchar al llamado de Carlos Manuel de Céspedes. Más tarde colaboraría en su destitución como Presidente de la República en Armas, pero esa es otra historia.

Su intelecto carecía de títulos universitarios. La guerra fue su casa de altos estudios, tan altos que apenas en un mes, con machete en mano, ya era Coronel del Ejército Libertador. Noventa días después era General de Brigada, y como Jefe de la División de Holguín alcanzó, en mayo de 1872, el grado de Mayor General. Todo un genio en eso de combatir, ¿quién lo duda?

Lo del disparo debajo de la barbilla fue en el 74. No le tocaba todavía. La Guerra Grande se le quedaba Chiquita y no paró hasta hacerla Necesaria. Participó en las tres. Siempre fue de los grandes. Cuando cayó El Titán de Bronce solo él pudo vestirse de Lugarteniente General.

Alguien me dijo una vez: “Calixto trabajó pal` inglés”, refiriéndose a la intervención norteamericana en la guerra. Es un razonamiento superficial. La trampa inició con la intervención. Ese fue el preludio de un fin premeditado. Gómez mordió primero. Calixto lo siguió, y ofreció el rostro. Encontró en ello su calvario.

Habría que hablar entonces de su cuarta guerra, que inició cuando Shafter le cerró las puertas en Santiago. Pocos conocen el batallar del mambí para que se reconociese la independencia de Cuba. Una batalla que no cesó, aún cuando su pequeña Mercedes fenecía lentamente de tuberculosis en Nueva York. En una carta le achacaba: “Papá ya no hace caso de mí, ni quiere verme”.

En esta encrucijada vivió sus últimos días Calixto. Murió en Washington el 11 de diciembre de 1898 de una severa neumonía. Le había entregado todo a su Patria. Su brazo levantó el último machete. Su revólver silenció con un disparo la banda sonora de la Guerra Necesaria. El Apóstol lo retrataba en letras: “No necesita encomio: lleva su historia en su frente herida. El que sabe desdeñar la vida, sabrá siempre honrarla”.

Por eso me duele tanto la historia. Esa que apellidan “de Cuba” y los jóvenes consumimos a cuenta gotas. Nos niegan lo que nos pertenece. Calixto es más que una marca en la frente. El General de las Tres Guerras es más que un epíteto. La carta a Shafter es más que un documento.

Sucede que tres elementos son suficientes para caracterizar a un héroe. Eso dice la clave del examen. Luego las guías de estudio se añejan en polvo y los conocimientos también. Llegará el día en que mi pequeña quiera continuar la oración: “Esa es la estatua de Calixto García”. No puedo permitirme el silencio como respuesta. No podemos permitírnoslo.

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3 comentarios

Archivado bajo Crónicas

3 Respuestas a “Murió mambí

  1. Flor

    Sigue escribiendo así y no me defraudes eres un orgullo para mi y para mis compañeros de trabajo, que te felicitan

  2. Leo

    excelente chama, excelente. Calixto fue único, esa es la verdad.

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