Crónica de un viaje por todo lo alto

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En un principio lo de “Trepada Cultural” no me alarmó. La gente de Cultura suelen ser metafóricos con los nombres de sus proyectos. Lo mismo te arañan la nostalgia que te organizan una cruzada sin intereses bíblicos. En este caso no había margen ni sangría de error. De que trepamos, trepamos.

Salimos en pleno cambio de guardia entre el sol y la luna. Viajábamos en una guagua cómoda con un chofer incómodo. Éramos unos cuántos y de todo un poco. Debíamos llegar a Moa y de allí partiríamos hacia La Melba. Esa era la hoja de ruta: plana, específica, lacónica.

En Moa se disparó la alarma. Había que hacer un trasbordo para dos camiones que nada tenían que ver con lo de “plana, específica, lacónica”. La cosa se ponía compleja. Comenzaba la trepada.

Para llegar a La Melba se necesita una paciencia grande y otra chiquita. Se necesita además no tener vértigo. Sobretodo porque existen cinco pasos de ríos, cuyos puentes, estrechos y sin barandas, te invitan a defecarte en la hora que subiste en aquel camión. Sensación similar se experimenta en las numerosas curvas de la destruida carretera que, con barranco incluido, los choferes enderezan a velocidades increíbles.

Claro, no todo es tan malo. En el trayecto puedes disfrutar de un refrescante aguacero y aprender una coreografía involuntaria (tipo tembleque), mientras observas las divinidades de un paisaje que se disfraza de obra de arte.

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¡Por fin la última loma! Desde la altura observamos la maqueta del poblado. En pocos minutos mi pierna acalambrada encontraría la añorada calma. La mezcla de alegría y asombro de aquellas personas llamaba la atención. Poco a poco le encontraba fundamento a tan “animado” viaje.

Los artistas desmontaron sus utensilios y comenzaron los preparativos de la actividad cultural. Los especialistas del CITMA, junto a un grupo de investigadores, se dirigieron a la Sala de TV para iniciar las ponencias del Fórum Provincial de Ciencia y Técnica en su comisión dirigida al Plan Turquino. Yo, grabadora en mano, salí a entrevistar.

  • Abuela ya usted está lista para la fiesta.
  • Muuuuchacho, tu no sabes hace cuántos años yo no veo un grupo musical de “ahí ahí”. Esto no me lo pierdo yo, ni muerta.
  • ¿Y cuál es su nombre?
  • Aida, Aida Hutis.

En La Melba viven 273 personas. Hay un río y una fruta que se llama albaricoque con forma de pera y sabor a manzana. Hay dos escuelas primarias, una farmacia, un consultorio médico, una bodega, una cafetería, un círculo social y una sala de TV.

Una de las escuelas se llama Inocencio Villalba y se fundó en 1967. En la actualidad posee una matrícula de 36 niños, los cuales reciben docencia en forma multígrado. 

En el Fórum fluye la diversidad de criterios en torno al desarrollo y sostenibilidad de la vida en las montañas. Allí me actualizo de la importancia que posee este sitio, enclavado en el centro del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2001.

Según Melanio Maden Betancourt quien atiende Ciencia Tecnología e Innovación en la Empresa CUBA-NIQUEL y funge como miembro del tribunal en el evento, “es necesario revitalizar estos espacios montañosos que han quedado en decadencia, y para ello es fundamental la unidad de las instituciones y organizaciones políticas de la provincia. Hay que mejorar la accesibilidad al lugar, para que se convierta en un aula internacional en el estudio de la flora y fauna”.

La Melba es un paraíso botánico. Posee una extensión de más de 18mil hectáreas. Dicen los que saben que es la reserva ecológica más importante del Caribe Insular. Allí permanecen las únicas pluvisilvas de esta zona, una especie de bosques húmedos que necesitan de mucha agua y bajas temperaturas.JMH_4788

Me alejo del lenguaje científico y visito el consultorio médico. Esta vez me mojo con problemas. La enfermera, que cumple el servicio social en la zona, no encuentra relevo para sus pases después de 24 días de trabajo continuo. El sillón de estomatología muestra un deterioro considerable y dificulta la atención de los pacientes. Manchas visibles en tan singular paisaje.

Los activistas del INDER interactúan con los pequeños de la comunidad. Algunas adivinanzas están surrealistas, pero hay piedras para todas. Hacía rato que los niños de La Melba no sonreían a coro. Disfrutan cada instante. Mañana serán felices a su forma. Hoy es diferente. De hecho, hoy todo es diferente en La Melba.

Cae la noche y la lluvia es intermitente. Mis botas aguantan la respiración mientras camino por el fango. La actividad cultural está a punto de comenzar. Poco a poco se acercan los pobladores. Esta noche les han disfrazado la rutina. La planta eléctrica no los obligará a dormir a las 10pm. No hablarán de la siembra y los animales. El juego de pelota no acabará en el séptimo inning.

No sé si lo había dicho, pero la gente de Cultura suelen ser apasionados con su trabajo. Eso de ser “profesionales” resulta muy fácil en “El Benny” o la Casa de la Música. En La Melba no hay muchas motivaciones. Los artistas, que hasta allí llegaron, las encontraron.

Música, danza, malabares, magia, humor, declamaciones, constituyen el aderezo de un espectáculo, que resulta consecuente a la fidelidad de aquel público, cansado de tanta soledad en su tarima. El buen son montuno, en vivo, es el mejor de los consuelos.JMH_4570

Aida no ha dejado de bailar. No ahorra sus pasillos. Prefiere gastarlos esta noche. Es muy probable que su cadera se oxide esperando el próximo baile. Eso le dice la experiencia, y la experiencia me lo susurra al oído. Esperemos que se equivoque, que alguien se proponga sorprenderla.

Es hora de descansar y, para darle un matiz sugerente a este viaje por todo lo alto, dormiremos por todo lo bajo. El piso es buen remedio para los dolores de columna. Eso dicen. ¿Y quién quería saberlo?

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2 comentarios

Archivado bajo Crónicas

2 Respuestas a “Crónica de un viaje por todo lo alto

  1. Rubiel

    Me leí este trabajo en el AHORA impreso, muy bueno, soy de Moa y nunca he ido a La Melba, dicen que es impresionante. Felicidades Luis Mario.

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