Con los pies pa’lante

JMH_4574Aida Hutis anda por los arrugados caminos de La Melba desde los cinco años. Ahora tiene 74 y es la flor de mayor experiencia en este lugar, enclavado en el centro del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Moa. Es una campesina en 3D: de mucho hablar, de poco silencio y de medio tamaño.

Interrumpo su baile para conversar y me retrata en contrapicado con el suspenso tatuado en su mirada. Sonríe y respiro. No está brava. Toma una de mis manos y coloca la otra en su cintura. Debo concluir la pieza.

A mí me encanta bailar”.

A mí también, solo que me soldaron las caderas cuando chiquito.

Pues afina, que con lo flaco que estás y sin saber bailar estás embarcao’”.

Le hago una seña al DJ y este amordaza la música momentáneamente. Al fin sentados, estoy en una posición más cómoda para entrevistarla.

Aida, ¿cómo usted llega a La Melba?

Mis padres vinieron de un lugar que se llama Palma de la Cruz, entre Guantánamo y Sagua, se mudaron para aquí por los años cuarenta. Pagaron las tierras con madera, que tirábamos por el río para abajo. En esta zona había como cuatro casas nada más. Imagínate, que los linderos de la finca eran de río a río”.

¿Qué recuerda de su niñez?

Yo pasé mucho trabajo cuando chiquita. En la época de Batista la situación era mala, mala, y yo le digo a la juventud, y se me incomodan, que cuiden esta Revolución para que no pasen por lo que nosotros pasamos. Cuando yo tenía trece, catorce años y estaba enamora’, ¿tú sabes lo que yo me ponía?: alpargatas de yagua. No tenía nada más”.

Y, ¿cómo salían de La Melba?

Aquí no se sabía que Moa quedaba tan cerca, pero cómo íbamos a saber, si aquí solo conocíamos que a Baracoa se llegaba por el río para abajo, y por el río para arriba se iba para Guantánamo. A todos esos lugares llegábamos a pie. Imagínate que yo tuve catorce hijos y nunca fui al hospital”.

Me cuentan que Fidel estuvo por aquí después del triunfo de la Revolución.

Eso fue en el año 1962. Vinimos a verlo los que estábamos con él, muchos se escondieron en sus casas. Yo no sabía cómo era Fidel, ni por fotos lo había visto. Me impresionó mucho. Lo primero que hizo fue ordenar que trajeran un yipy para que fuese el medio de transporte de nosotros”.

Después de conversar un rato nos dijo que había venido a La Melba a comerse un pescado que se llamaba Morón y un chivo asad;, me pasé la noche entera cocinando. Le agarraron un Morón en el río que pesó como cinco libras”.

Después del ‘59, ¿qué cambios experimentó el poblado?

Después del triunfo de la Revolución empezaron a organizar esto; se hicieron cuatro cooperativas. Fidel mandó a sembrar café y repartió las tierras a todos los campesinos. La mayoría de la gente se fue para la ciudad. Yo trabajé en los campos como una leona, sé sembrar de todo. Esto que hay ahora en La Melba no se parece en nada a lo que había antes”.

Y usted, ¿por qué no se ha ido para la ciudad?

Mi casa tiene de todo; yo cuando joven nunca pensé que tendría nada de esto. De aquí me encanta la tranquilidad, vivo bien, feliz. Yo nunca me he acostado pensando qué cocino mañana. La mayoría de mis hijos se han ido, pero yo sigo en La Melba. Yo me voy de aquí cuando me lleven con los pies pa’ lante”.

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1 comentario

Archivado bajo Entrevistas

Una respuesta a “Con los pies pa’lante

  1. lisy

    Este articulo me gustó mucho,necesito contactar contigo, estpy haciendo untrabajo en el que necesito tu ayuda, soy compañera de tu mamá y tu papá.

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