La primera vez

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Dos códigos, ausentes en mi léxico chavacán de adolescente, me expusieron al “cuero” sostenido de los “yuntas” de la secundaria. Ni siquiera mi condición de monitor de Español me permitió comprender aquel par de metáforas. Yo, que presumía de “ligador” entre ellos, acababa de colocarme el traje de inexperto sexual del grupo, pues no orinaba “dulce”, ni había mojado el yipe en el charco.

Desde ese día, el saludo matutino de todos era en forma de interrogante: “Dime Luisma, ¿ejecutaste?”. Mis amigos se convirtieron en una presión constante y me incitaban a probar los caminos de la sexualidad, sin importar “apetito” ni deseos personales. ¿Que si cedí o no?, eso no es importante.

Muchos adolescentes convierten su “virginidad” en una cruz de complejos, y por ello camuflan todo tipo de detalles al respecto, incluso, con la invención de las más candentes aventuras eróticas. Se hacen los tigres de la manada para evitar la censura, y la manada archiva cada raya, dibujada con el grafito de la especulación.

Hablamos de una etapa donde todo se subordina a los reflejos. Queremos ser como la masa, y en ocasiones la masa es muy exigente, muchas veces, sin argumentos. Ante la presión ocurre el acto de forma precipitada, y lo que debió ser programado como algo especial se transforma en un reflejo condicionado, donde se pierde la magia y actúa el instinto, muchas veces con una “flácida precocidad”, que cierra el telón en el momento menos oportuno.

Dicen los expertos que en estas edades los cambios experimentados por nuestro cuerpo despiertan una mayor curiosidad por las relaciones sexuales. Las tetillas se convierten en zonas vedadas, el primer vello es el mayor de los tesoros y la voz ronca, la herramienta ideal para las conquistas. Las horas de playstation se reducen y aumentan los “lloraítos” para llegar más tarde de las fiestas.

Es, en ese instante, cuando deben salir a escena los padres con su brújula consejera, para dar luz a los caminos más oscuros. En ocasiones, estos no hablan de sexo con sus hijos adolescentes porque temen que ello los incite a sus primeras prácticas sexuales. Al final, el resultado es que sus hijos se inician bien desinformados en la sexualidad y el tropiezo se vuelve inevitable.

La comunicación es fundamental, pues en la adolescencia no se tiene la mínima percepción de los riesgos, y se actúa sin pensar en el después. Cuando inician las relaciones sexuales a temprana edad, se exponen a complejas circunstancias que pueden remover la “lógica” de la cotidianidad.

Las estadísticas muestran entre los riesgos más destacados: embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, experiencias adversas que conllevan a actitudes negativas y que influyen en la autoestima, seguridad y confianza. Para evitar algunos de estos dolores de cabeza lo primero es comprender que el sexo no es el juego que aparenta ser, y que comportarse como adultos exige un gran sentido de responsabilidad.

Antes de ceder a la presión interrogativa de la masa hay que cuestionarse si se está preparado para dar ese “primer” paso. Esta autoconsulta es fundamental para aprender a decir “no” en el momento indicado, de modo que a la hora de decir que si se hallan recopilado los argumentos necesarios, sin influencias y sin apuros.

Es fundamental comprender lo que significa perder la virginidad y discernir si se hace por amor, deseo o presión. Las hormonas a veces juegan una mala pasada y en ocasiones se confunden “urgencias hormonales” con sentimientos. El sentido del deseo es nuevo en la pubertad y puede ser difícil “manejarlo” durante la adolescencia.

Por otro lado, la presión de la pareja o el grupo de amigos, pellizcan constantemente la inseguridad y conllevan a la precipitación. El principal escudo en estos casos es la sinceridad que se tenga a la hora de preguntarnos por qué deseamos tener sexo.

Cuando sea la hora de tener tu primera relación no guardes temores infundados, preguntar no está demás. Esto te generará tranquilidad y mayor seguridad (nunca la tendrás toda). La prisa, en estos casos, es pésima compañera y ante la duda conversa con tu pareja. Tómate mucho tiempo hasta llegar a donde quieres llegar. Y si no lo ves claro no continúes. No te dejes embaucar con presiones. Podrás llegar en otro momento que sea mejor.

El sexo es una forma física de expresar amor y cariño hacia alguien. Tener una relación sexual puede ser gratificante y divertido, siempre y cuando se tenga toda la orientación para ello. Cuando sea el momento de tocar esa puerta, es fundamental entrar con la seguridad en los bolsillos, y esa seguridad lleva consigo sus preservativos. 

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