Diario de un padre desesperado

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQuizá fue la vida, el destino, o la “puntería” de mis espermatozoides “extrafuertes”. Un pequeño error de cálculo no dejó las cuentas claras y el resultado arrojó una ecuación, cuya variable tardaría nueve meses en conocer su valor.

Llegó así, sin proponérselo, sin respetar teorías económicas de planificación familiar. Se aferró a las trompas de Falopio como si lo hubiese conocido toda la vida. Hasta un guiño le hizo, un guiño con orgullo de óvulo fecundado.

Y yo ausente, liviano de responsabilidades, ávido de goces juveniles, no sabía la trascendencia de mis actos, o mejor dicho, de mi acto (uno fue suficiente). Acababa de firmar en aquel vientre un contrato sin devolución contenida, y yo ajeno del gran negocio que consumaba.

Para generar utilidades tuve que realizar unas cuantas inversiones. Primero, en polvos mágicos para antojos en CUC. Luego, en hechizos de cocina para dietas médicas, que incluían productos en peligros de extinción o con alas, por sus precios en las nubes.

A las doce semanas llegaron las ganancias preliminares. Un ultrasonido reflejaba en la pantalla movimientos fetales que dilataron mi orgullo paternal. Aquella silueta, impresa en blanco y negro, facilitó mis especulaciones en la bolsa genética de la familia. Tenía mi nariz y bostezaba como yo. ¡Qué imaginación! ¡Qué guanajería! ¡Qué chochera!

Argumentos basados en la forma de la barriga y el rostro de la madre aseguraban el advenimiento de un macho con ínfulas de pelotero. Por si acaso, bajé una tablita china de internet que constató las predicciones. Me imaginé yo en el estadio, él en mis piernas, yo hablándole del ponche de Oscar Gil a Cepeda y él mirándome como si me entendiera.

Menos mal que solo fue un sueño. A las 24 semanas le hicieron otro ultrasonido y le abrió las piernas a la doctora de tal forma, que las dudas se convirtieron en signos de exclamación de color rosado. Adiós ropones azules. Adiós estadio.

A las 38 semanas rompió la fuente. Al parecer se sintió comprimida y lanzó una mawuashi a lo karate kid. Fue esa la primera contracción. Ya en el hospital, tuve varias sesiones estomatológicas con el “Sepró”, para permanecer en el salón de espera del salón de parto.

Después de diez horas nació. Lo supe sin siquiera escuchar su llanto. Algo pellizcó mi dormido instinto paternal. Quizá, fue la preocupación por la nalgada. Solo sé que cuando la vi por primera vez se me removió el orgullo. Aquel trocito de persona se convirtió en la huella más importante que he dejado en la vida.

Hoy, todo gira a su alrededor. Basta con decirme un par de papitos para olvidarme de la final de la Serie Nacional, y ponerle su rayado disco de Dora la exploradora. Basta la más baja de las fiebres, para subordinar a ella todo el tiempo del mundo.

Me manipula con facilidad. Ha logrado que me convierta en su Palmiche, que juegue a la casita, que sean cuatro los cerditos del cuento y que me lance con ella de la canal del Parque Infantil. ¿Qué voy a hacer? Dice que me quiere hasta el cielo. Y yo, tan arriba, no puedo hacerle ningún desaire.

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7 comentarios

Archivado bajo Crónicas

7 Respuestas a “Diario de un padre desesperado

  1. Flory

    Eres un padre sensacional, de eso tengo tremendo orgullo y sigo siendo tu fan número 1, sigue escribiendo así y se sumarán muchas más.

  2. sotosilva

    comparto muchas de tus historias de diario, porque soy padre de un bebe que si me hace llevarlo al estadio, pero sin dudas has ayudado a recordar algo tan bello, como es sentir la palabra papá, en mi primer aniversario de esta fecha no pude contener las lagrimas de emoción al escuchar felicidades papito. Sigue con tu forma de escribir y gracias por enseñarnos cada dia. Un Amigo.

  3. grettell

    Quizas no tu fan numero dos pues es el primer articulo q leo de los tantos q se (por flor) q has escrito pero si pienso q tus relatos son bastante realistas aunque uses palabras rebuscadas lo cual le da un toque explicito a tus redacciones te felicito por ser un padre tan consagrado y espero esperimentar algun dia como madre claro todas esas sensaciones q dices sentiste en el transcurso de la llegada de tu pequeña……saludos G.

    • Te agradezco tus palabras. Es bueno saber que la gente valora lo que uno hace. Por lo demás, te aseguro que todas esas sensaciones llegarán porque forman parte del instinto maternal que ahora duerme en ti y cuando sea el momento se convertirá en un reflejo condicionado. Saludos.

  4. grettell

    Hasta ahora nunca antes lo expresé por escrito: soy un fiel seguidor, defensor incondicional y guerrero del trabajo que haces; de tú estilo periodístico, de la profundidad y alcances ideológicos de tu decir, de la frescura y contemporaneidad de tus enfoques. En fin …, me siento atrapado en esa manera tuya de escribir, en la magia de tus textos.
    Por esas razones más que un comentario exclusivo sobre el trabajo “Diario de un padre desesperado”, por el cual y por la condición de padre te felicito; te expreso la satisfacción y el regocijo de contar un hacerdor de maravillas como tú.
    Hasta el próximo, amigo (así te considero) y no entre paréntesis.
    Almeida

    • Agradecido por el honor que me haces. Es un regocijo saber que mi trabajo lo recibes de ese modo, y sobretodo un compromiso para seguir haciéndolo. Francisco Umbra expresó: “Escribir es la manera más profunda de leer la vida.” Gracias Alemida.

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