Refrescando el Congreso

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Me piden que hable sobre el X Congreso de la UJC (más bien que escriba). Me exigen que lo haga en 70 líneas y protesto, y para colmo pierdo unas cuantas líneas dejando impresa mi protesta, como si fuese a solucionar algo con ello. Pero así somos los jóvenes de inconexos, y lo mejor, o lo peor, es que, como dicen los viejos, “hay que comernos con….”, es decir, hay que comernos.

Puedo asegurar que no fui de los más agraciados con el “vidrio” en el Congreso. Me tocó “jugar” en el jardín derecho del Palacio de las Convenciones y bien pegadito a la cerca. Era difícil clasificar en cualquier encuadre fotográfico. No obstante, varios de mis compañeros se impusieron a dicha condición y a base de poses estratégicas con libros en mano lograron robarse varias páginas de periódicos y unos cuantos planos en el noticiero. Les aseguro que nuestra delegación sobrecumplió el plan en ese sentido.

La mitad de mi rostro en el borde de una foto de Juventud Rebelde fue la mejor constancia gráfica que quedó de mi presencia en la magna cita juvenil. Por demás, tampoco tuve la osadía de apretar el botoncito verde del micrófono para emitir criterio alguno. Preferí escuchar y seguir el consejo de Taladrid; pues a lo Calviño, bien valía la pena.

Del X Congreso de la UJC, del cual fui delegado, me llevé muchas cosas; algunas materiales, para qué negarlo. Me llevé la majestuosidad del Palacio y uno que otro dolor en la cervical mientras estudiaba cada detalle de su estructura. Me llevé también, simbólicamente, la imponente gigantografía de la charretera del Comandante en Jefe, que como bien dijo alguien, más que la charretera representaba el hombro de Fidel junto a nosotros.

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No les niego que en más de una ocasión premeditamos su entrada en el Palacio cuando vimos algunos movimientos extraños de guayaberas blancas. La realidad fue que no pudo ser en cuerpo, solo en alma, pero de que estuvo, estuvo.

Fue un programa de actividades intenso donde no pocos tuvieron que pasarle mota al baño y más que comer tragar a la velocidad de la luz para que las guaguas no los dejaran en la Villa. Mientras recorríamos la Capital de todos los cubanos en caravana, no faltaron los que, en su estreno habanero, comprendieron que nuestros “18 plantas” son unos bonsáis delante del Focsa o el edificio del Icrt.

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Creo que lo más trascendental de nuestro congreso fue la oportunidad que tuvimos en representación de la juventud cubana, militante y no militante, de intercambiar con la máxima dirección política del país y plantearles nuestras inquietudes generacionales, sobre la base de un enfoque más propositivo que inquisidor, pues lo relevante no es formar parte del problema sino ser protagonistas de su solución.

El General de Ejército manifestó en las conclusiones: “Ha sido un gran Congreso y me voy muy satisfecho. Este ha sido el que correspondía a los momentos que estamos viviendo, y los oradores plantearon temas muy profundos. Por todo eso los felicito. Me voy lleno de optimismo”.

De las sesiones de debate me quedo con las atinadas intervenciones de algunos delegados sobre el funcionamiento de la UJC, que no dudaron en poner los puntos sobre las íes en cuanto a la necesidad de desempolvar las actas y hacer más atractiva la organización. Quizás un dato importante fue el hecho de que durante los últimos 5 años se hayan incorporado a la UJC 186 mil 419 militantes, cifra cercana al 7 % del universo juvenil.

Me quedo también con el llamado de Miguel Díaz Canel de prepararnos con inteligencia para la guerra de pensamientos y la necesidad de hacer de la cubanía un idioma común en los jóvenes; las ráfagas de inquietudes sobre el consumo cultural y la premisa de divorciar lo popular de lo vulgar; la idea de que la economía está en nuestras manos y no precisamente para mecerla y dormirla, sino para despertarla y hacerla sostenible.

Todavía queda mucho por decir, escribir y escuchar, porque el Congreso ahora vuelve en espiral hacia la base. Nos toca a nosotros aterrizar lo elevado y tatuarnos cada propuesta, cada inquietud, en la práctica inmediata de nuestro radio de acción para que, como manifestara Machado Ventura, no seamos una generación de relevo sino de continuidad.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Refrescando el Congreso

  1. Luis Ernesto:

    En los 3 primeros Congresos en que participé, no aparezco en nada… Asombroso… Solo los compañeros que estuvieron junto conmigo; desde las primeras reuniones para lograr la integración del Movimiento Juvenil Cubano; saben que estuve con ellos, y de mis planteamientos en las Comisiones.
    ¡Eres PROTAGONISTA, aunque la mayoría no lo sepa!: Pero, ¡QUE RICO SABER UNO QUE CUMPLISTE CON TU SENTIDO DEL MOMENTO HISTÓRICO!
    Además, soy el creador de los Emblemas de los Pioneros, y fundador de la revista “El Pionero”, ahora semanario “Pionero”.

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